miércoles, 28 de junio de 2017

Hicimos pan con Suanny Claderón

Dicen que el pan enamora,
y yo creo que es verdad...

El sábado 24 de junio, Suanny Calderón vino a su primer taller de masa básica para pan blanco, se trataba sólo de un taller, pero se nos volvió al final una tarde muy íntima y muy bonita.  Curioso como a veces podemos ver a las personas muchas veces, compartir cosas bonitas (como el Club de lectura donde Suanny yo yo nos conocimos), pero en el fondo saber poco o casi nada de la gente.  Pero qué bonito cuando la vida nos da la oportunidad de juntarnos para una cosa y que a su alrededor sucedan tantas otras. 

Ese día supe que Suanny tiene hijos grandes, que uno vive en Japón desde hace algún tiempo y que ella le conserva su habitación intacta por si decide volver, que es una mujer bien luchadora, que oye opera, que va al teatro, que le gusta el vino, que hace unos 15 años decidió volver a vivir, que hace unos meses un accidente no sólo le dejó una cicatriz en la frente, sino que también le adormitó sus ganas de seguir cocinando, y que esa tarde de lluvia conmigo era su regreso a los fogones, ¡vaya honor para mí!

Tarde con lluvia, vino tinto, (¡Salud!) 
Luciano Pavarotti, 
charla, trabajo, charla, risas, otro brindis, más trabajo, 
harina, agua, aceite, sal, azúcar y levadura
amasar, leudar, albahaca, ajos, orégano, rellenar, 
al horno
¡Pan!

Muchas gracias Suanny y felicidades por darte la oportunidad de volver a disfrutar de la cocina después de esa pausa de los últimos meses, que bonito que vuelvas a encender el horno aprendiendo algo nuevo. 

Linda tarde la que pasamos, para mí fue un gusto y un placer compartir esa tarde de panadería juntas.  Espero que este sea un nuevo comienzo en muchos sentidos, y que en tu vida haya mucho pan por delante para acompañar esos guisos cocinados a la manera tradicional que tanto te gusta. 

¡Ya quiero ver las fotos de esas cortezas y esas hogazas que saldrán de tus manos!

Huele a pan,
¡huele a hogar!










miércoles, 7 de junio de 2017

¡Buena miga y buenas amigas!



Hicimos magia
y nos salió
¡Pan!



Me gusta mucho cocinar, aprender nuevos procedimientos y experimentar con diversos ingredientes, sin embargo debo reconocer que para mí hacer pan, ¡es otra cosa!,

Poner las manos en la masa fue desde la primera vez una revelación que me hizo sentir como cuando se vuelve a casa después de un largo viaje, cómoda y feliz.  A veces en mi pensamiento mágico suelo pensar que fue como si en mi historia ancestral se guardase la memoria dormida de antiguos hacedores de pan cuyo espíritu despertaba en mí cuerpo y me transmitían un don, el de sentir un placer que se vuelve casi místico, al sentir la harina transformarse en mis manos de algo muy viscoso y pegajoso, a algo tan noble y maleable que no quiero dejar de tocar,  Y desde entonces creo que hacer pan, ¡es como hacer magia!  

Desde la primera vez con mi amigo Hannes (Alemania), que me enseñó los secretos de panadería de su abuela y su mamá hasta aquí, ya amasamos y comimos mucho pan, muchas han sido las veces en que me han preguntado que si lo hago para vender, que si lo puedo hacer por encargo o en algunos casos, si les puedo enseñar a hacerlo.   Las respuestas hasta hace un tiempo eran en su orden: No, sí podría y ¡sí por supuesto!.    Las respuestas hoy por hoy son: sí, sí y ¡Sí!!

Empezar a compartir con otras personas mis conocimientos sobre hacer pan  de verdad me emociona mucho, y para comenzar hace unas semanas invité  a unas amigas a 'hacer magia conmigo'.

Sin pensarlo mucho nos pusimos (no un sombrero de brujas, sino un delantal) y convocamos ingredientes nobles, sencillos, cotidianos y deliciosos para que fueran protagonista en esa fiesta de estimulo a nuestros sentidos que nos alegró el paladar y nos entibió a la vez el corazón. 

"Lo que hiciéramos juntas era como hacerlo sola" (dice Josefa sobre Violeta en el maravilloso libro "Antigua Vida Mía"), así de cómodo es un encuentro entre amigas, sea sólo para verse o para apoyar a alguna en sus alegrías o penas de amor, en la celebración de sus éxitos o en alguno de esos traspié en que a veces nos hace caer la vida.  Así de cómodo fue hacer pan entre nosotras. Así es como me imagino los futuros encuentros con otras personas a la convocatoria para ¡Hacer magia con harinas!

Cinco amigas, cinco panes. 
Magia en el proceso.  
Amasar, fermentar, dar forma, hornear.  
Huele a pan, 
huele a hogar.  

Gracias a Dani, Vero, Sol y Fabi, fue muy lindo, lo disfruté mucho y mi alegría fue mayor cuando me compartieron al día siguiente la foto del pan en sus mesas respectivas, listo para ser comido ¡faltaba más!.

Pero bueno, como tanta palabrería es mucho bla bla y poco glú glú como me enseñaron hace tiempo, dicho lo dicho, ahora a darle paso a las fotos porque como bien sabemos, a veces una imagen dice más que mil palabras!























lunes, 5 de junio de 2017

Vivir para comer...


Hay personas que comen para vivir y otras que viven para comer.
Yo no sólo vivo para comer, sino para comer rico
y para compartir la comida con los seres que amo;
por eso es que digo que ¡compartir es vivir! 

Dicen que la memoria táctil es la más fiel de las memorias que posee el ser humano. Tocar es conocer y volver a tocar es pues, reconocer la representación mental de los objetos que tocamos y una parte muy importante de la memoria. 

Hace muchos años, siendo una niña, me gustaba experimentar con la cocina, jugaba con mi hermana, primas y amigas a hacer pasteles, pizzas, budines, etc.  Crecíamos en tiempos de la guerra de los años 80's y nuestro entorno no estaba rodeado de miles de opciones en comida en la calle como hoy, así que podría decirse que crecimos comiendo en casa y haciendo de nuestros experimentos culinarios no solo un juego de niñas sino el mero pastel para un cumpleaños o el que me encargaban las amigas de mi mamá para sus fiestas particulares.

Pasó el tiempo y la cocina pasó a un plano donde me gustaba ser la ayudante de mi mamá o de cualquiera que se pusiera al mando de una  cocina: yo corto, pico, lavo (y todavía lo hago!), pero hoy también ocupo de vez en cuando la responsabilidad total de un guiso y eso es algo que nunca imaginé cuando ya en la vida adulta y alejada de aquellos años como niña jugando a cocinar, pensaba que de cocina yo sólo sabía que no sabía digamos que mucho (por no decir que casi nada).  

Pero pasó más tiempo y todo cambió, o mejor dicho, todo volvió a ser como antes, y como ¡lo que se hereda no se hurta! entiendo mi tremendo gusto por la cocina, como algo con raíces profundas, porque me preceden en la familia una línea de mujeres a las que la cocina no sólo se les daba bien, sino que además les dio un medio para sacar adelante su vida y a sus familias, así que cuando siento que al ponerme a cocinar entro como en una especie de trance y a la gente le gusta mi comida, acepto con agradecimiento y alegría que me fue heredado un don: ¡el de la pasión por la cocina y el de la sazón!

Quienes han vivido conmigo saben que vez en cuando me posee un "furor cocinero" y cocino sin parar y sin motivo, solamente para disfrutar el proceso, porque a veces cocino para guardar y comer otro día, pero disfruto cortando, picando, probando, creando. 

En este blog hablamos de comer rico, de cocinar, aprender y disfrutar.  

¡Salud y buen provecho!




















domingo, 4 de junio de 2017

La vuelta al mundo, en una cocina

En caso de que alguien se olvide, 
y que nadie me mantenga en su mente,
en caso de que alguien se olvide 
porque ha pasado ya mucho tiempo,
por los viejos tiempos amigos, tomaremos una copa
y brindaremos ¡por los viejos tiempos!
aunque haya pasado ya mucho tiempo...


Hay personas que tienen la suerte de viajar por el mundo y por decirlo de alguna manera "comer en diferentes idiomas", así se les ha refinado el paladar, amplían su mundo culinario, conocen ingredientes exóticos, comen cosas insospechadas y sin desmerecer jamás lo propio, un día se saben -gastronómicamente hablando-  ¡ciudadanos del mundo!

En mi caso no ha sido así precisamente, sí he viajado y eso me ha abierto la mente para atreverme a probar "casi de todo". Pero además de eso, ha querido la vida llevarme por caminos que propiciaron vivir con gente de muchos países y cocinar en la mismísima cocina de mi casa "en diferentes idiomas".

Las mejores y entrañables recetas de cocina de abuelas, madres, padres, tíos, salieron a la luz en todos estos años, esa comida de cada casa cuyo toque principal es ese aire a domingos en familia donde se forma nuestro recetario personal de mayor valor.  Menos mal teníamos la suficiente pasión y energía para cocinar, comer, compartir, hacer la sobremesa y por supuesto, ¡para la correspondiente la recogida y lavada de los platos posterior! 

Escalivada de la Clara, atún de la Jeannire, pasta fresca de la Dani, Osobuco de la María-Jo, pan blanco de Hannes, arroz chaufa de las mamás del comedor en Lima, los florones de Loly en Segovia, el pionono de la madre, las galletas de Anne, el pollo de la nona, lasagnas para una buena causa, pizza, pie, fajitas, tacos, baleadas, arroz millonario, tostadas,.. ¡en fin!

Me considero una persona afortunada, porque más allá de mis sueños he podido conocer el mundo tanto viajando como sin moverme de mi propia casa, y he cocinado y comido más rico de lo que nunca imaginé: España, Canadá, Alemania, Francia, Italia, Perú, Bolivia, Colombia, Estados Unidos, México, Suecia, Suiza, Bélgica, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Ecuador, Argentina, Brasil, Chile, Costa de Marfil, Túnez, Barcelona, País Vasco... inolvidable fiesta de olores y sabores, en una misma mesa.

En nombre esos tiempos, y los que vienen, inicio este blog donde habrá recetas de entonces, de lo que vamos cocinando hoy y de lo que haremos en mi nuevo proyecto culinario donde con alma, vida y sabor vamos a aprender un poco de cocina y de pequeños rituales como esos que domingo a domingo crea la identidad culinaria de cada familia.

La cocina es un trabajo duro, cansado, de pasar horas y horas de pie, pero para quiénes tenemos ese hormigueo en nuestras manos y ese latido interno que nos impulsa a cocinar, vale la pena cada minuto invertido en lo que luego degustamos con las personas que amamos.

Así que hoy levanto mi copa y como esa canción escocesa que se entona en tantos países en la noche vieja, y que fue utilizada tan mágicamente en uno de los capítulos de mi serie favorita de todos los tiempos ("Sex & The City"), propongo que brindemos amigas y amigos ¡Por los viejos tiempos!

¡Auld Lang Syne!













Y aquí otra versión, con subtítulos, ¡sólo porque me encanta!