El olor del pan en el horno, es mi imagen mental del paraíso...
Borges un día imaginó el paraíso en forma de biblioteca, en mi corazón puedo imaginarlo también como una,sólo que la mía tendría también un café para que se mezclen el olor a pan recién horneado, el del café recién molido y el de los libros....
Para mí hacer pan es un acto de amor. El por qué lo hacemos puede tener varias respuestas,en mi caso particular lo hago porque me hace feliz. Brezzy Willow dice que ella hace pan para promover la paz, porque está convencida que tal como es la suavidad de la masa, así va siendo la suavidad del alma...
Día internacional de hacer pan por la paz - El Salvador
Son muy útiles las aplicaciones tecnológicas, con más o menos conciencia se han vuelto una especie de asistentes que nos ayudan a vivir en el mundo que nos ha tocado en este presente de vertiginosos cambios, especialmente en lo que a tecnologías se refiere. Por mi parte me gustan en la medida justa de algunas necesidades, muy influenciada por la moda, hace algunos meses anduve puesta una 'app' que me recordaba tomar agua cada tanto, al principio -como todos los principios del mundo- bien, me encantaba y le hacía caso, pero al poquísimo tiempo ya no sólo me tenía un poco agobiada, es que ya no la soportaba, primero la mandé a silenciar y luego la quité sin más. Moraleja: soy una mujer de la 'old school', yo tomo agua porque hay que tomar, fin.
A pesar de ello no me considero una persona que está en contra de la modernidad, sólo creo que es necesario no perder de vista el significado que tiene todo aquello que sucede más allá de suplir una necesidad concreta, porque en el diario vivir podemos utilizar una app para casi todo, pero no para aquello que es la sal, los cimientos y el motor de la vida, como los encuentros honestos y todo aquello que requiere hacernos presente en cuerpo, alma, espíritu... ¡y ganas!. No, no podemos brindar cuidados y conservar un cariño dando un click, aún sigue siendo mejor hacer el amor en persona que vivir la vida inmersos en el "sexting", es lindo ver cómo queda de bonita la comida en un perfil de Instagram, pero siempre va a ser más rico poder oler, comer... sentir!
En fin, creo que sin necesidad de entrar en grandes discusiones nos toca reconocer que los avances tecnológicos propician confort en distintas áreas de la vida, pero lo que a menudo no pueden darnos es el significado que da el esfuerzo compartido.
Ayer nos reunimos para hacer pan, pan con nuestras propias manos, pan sin ninguna 'app' de por medio, pan como se hacía en esos tiempos cuando juntarse para trabajar una masa en la cocina de una casa no sabía que un día sería “una tradición de antaño” porque la modernidad nos daría la facilidad de comprar pan (industrializado pero a fin de cuentas, pan) y nos alejaría de manera casi absoluta no sólo de la posibilidad de oler y comer el pan recién horneado en casa, sino de todo lo que propiciaba ese momento en que al son de amasar, se hilvanaban historias, se transmitían memorias y se iba horneando, a la par de cada masa, la memoria culinaria de cada clan y su respectiva descendencia.
Ayer nos reunimos para hacer pan, pan con nuestras propias manos, pan sin ninguna 'app' de por medio, pan como se hacía en esos tiempos cuando juntarse para trabajar una masa en la cocina de una casa no sabía que un día sería “una tradición de antaño” porque la modernidad nos daría la facilidad de comprar pan (industrializado pero a fin de cuentas, pan) y nos alejaría de manera casi absoluta no sólo de la posibilidad de oler y comer el pan recién horneado en casa, sino de todo lo que propiciaba ese momento en que al son de amasar, se hilvanaban historias, se transmitían memorias y se iba horneando, a la par de cada masa, la memoria culinaria de cada clan y su respectiva descendencia.
Las tradiciones no nacieron sólo porque sí, y aunque vivimos tiempos donde cierta sensibilidad hacia el pasado intenta recobrarlas, pienso que no es cosa sólo de sacarlas del sarcófago y ponerlas a andar.
Para que una tradición pueda permear y convertirse en tal, una sociedad necesita tener una noción de causa y es la ausencia de la misma quizá, lo que ha hecho que la inmediatez haya sustituido con tanta facilidad la esencia de la conexión que generaba juntarnos para comer en una mesa, preparar juntos los alimentos, vivir las fiestas del pueblo como el acontecimiento del año, o tantas otras cosas que nos acercaban al otro en cuerpo y espíritu, al contrario de hoy cuando parte de la nueva forma de vivir es sentarnos a una mesa donde cada persona tiene sus ojos puestos en la pantalla de un celular en lugar de mirar los ojos de sus acompañantes, o irnos a la cama con nuestra pareja y en lugar de abrazarnos al final de la jornada, preferir seguir mirando esa pequeña pantalla hasta que nos vence el sueño.
El domingo 20 de octubre de 2019 nos juntamos para hacer pan y después de las horas de trabajo, risas y esfuerzo, el olor del pan en en horno y la explosión de sabor en nuestros paladares fue algo así como una recompensa por un trabajo bien hecho. Para mí fue un día donde mi corazón intuye que nació la invitación a una nueva tradición en mi pequeña tribu particular.
Doy gracias a la vida por el don del pan casero, por haber recibido el llamado a aprender a hacerlo y a compartir ese regalo con tanta gente querida, al grado que hacer pan en casa se haya abierto camino no solo en mi vida, sino también en la vida de mucha gente a mi alrededor.
Hacemos pan en casa como un acto de amor, no porque no vendan pan muy rico en las panaderías de la ciudad, hacemos pan en casa para compartir y disfrutar con otros, y en ese acto de amor, tal vez sin darnos ni siquiera cuenta, traemos al presente la memoria que evoca a algún ancestro que con los recursos de su época prendió el fuego, juntó a sus seres queridos, trabajaron las masas y hornearon junto al pan que alimentó a su familia, la historia que hoy en día es a la vez la nuestra.
Hacemos pan en casa como un acto de amor, no porque no vendan pan muy rico en las panaderías de la ciudad, hacemos pan en casa para compartir y disfrutar con otros, y en ese acto de amor, tal vez sin darnos ni siquiera cuenta, traemos al presente la memoria que evoca a algún ancestro que con los recursos de su época prendió el fuego, juntó a sus seres queridos, trabajaron las masas y hornearon junto al pan que alimentó a su familia, la historia que hoy en día es a la vez la nuestra.
"El fresco aroma del pan recién horneado es el aroma de la paz" Silvia Nedeicheva











