Tres años de sabor y cariño, nada de esto sería posible sin la presencia de todas las personas que han dejado que la magia del pan recién horneado y hecho en casa las toque.
Con el deseo de que esa magia nos siga acompañando en el porvenir, les comparto este vídeo que resume de alguna manera este camino... ¡Muchas gracias a todas y todos por ser parte de este sueño envuelto en harinas, levaduras, agua y sal!
martes, 26 de mayo de 2020
lunes, 2 de marzo de 2020
Oscar, Marlon y Fran... ¡Pan entre chicos!
Posted on marzo 02, 2020by María Ofelia ZP with No comments
"Lo mejor que el mundo tiene está en los muchos mundos que el mundo contiene, las distintas músicas de la vida, sus dolores y colores: las mil y una maneras de vivir y decir, creer y crear, comer, trabajar, bailar, jugar, amar, sufrir y celebrar
El mundo es diverso, y en ello encontramos su mayor riqueza y belleza." Eduardo Galeano
¿A qué se juntan los chicos cuando se reúnen para estar 'entre chicos'?
Creo que a hacer muchas cosas que también hacemos las chicas cuando nos juntamos para estar "entre chicas", a veces solo para verse, quizá para ver o jugar algún deporte, a comer, a beber, a comer y beber todo junto a la vez; a veces también a cocinar, a reír, a hablar de cosas que nos interesan; a cocinar, hablar, comer, beber, reír todo junto a la vez y otras, aunque no sea lo primero que nos imaginamos cuando nos hacen esa pregunta, los chicos y las chicas se juntan para poner las manos en la masa y ¡hacer pan!.
El último mes del año 2019 tuve la oportunidad de cerrar el ciclo de talleres de pan con uno donde 3 guapos, fuertes, profesionales, inteligentes y muy gentiles caballeros se juntaron y me permitieron compartir con ellos mi pasión ya conocida que es la panadería casera, esa que nos deja comer panes que nunca jamás podríamos comprar en ningún lugar del mundo. Pan hecho con nuestras propias manos y que llevan nuestro sello particular: el cariño con con lo hicimos pensando en las personas con quienes luego lo vamos a compartir. Ese pan señoras y señores que no hay ninguna panadería en el mundo que lo pueda vender jamás.
Así, Oscar, Marlon y Fran (el Colo) llegaron ataviados con sus delantales y sus ganas de probar y tal vez probarse a sí mismos, que poniéndole ganas no habría masa que se resistiera a sus encantos... ¡y a su fuerza!, y así fue.
Estirar, doblar y golpear, estirar, doblar y golpear, una y otra vez con sus tremendas manos y sus tremendas fuerzas, estos tres hicieron los panes más enormes que se han hecho en un taller de primera vez de Huele a Pan jamás.
En la otra vida que me toquen unas manotas como esas por favor para poder ponerlas sobre una masa y que el pan me crezca en esas dimensiones sin que tenga que dejarme el cuerpo entero en ello...
Pasaron las horas, la música no paraba y el trabajo con la masa tampoco. Dolor de manos, de espalda, de pies (las cosas como son), una historia tras otra, al final el resultado podemos vernos en la siguiente secuencia fotográfica.
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| De izquierda a derecha: Oscar: pan blanco Fran: Pan con romero, Marlon: pan con aceitunas Todos, en palabras de Oscar: aderezados con hierbas, aceite de oliva, y tomates deshidratados. Buen rico 😬 |
En tiempos de agendas llenas sabemos que diciembre lo es aún más y sin embargo, también sabemos que a veces tan solo se necesita un poco de voluntad, un movimiento aquí y otro allá para que la alineación de planetas se concrete y hagamos realidad un encuentro largamente postergado.
Marlon, Colo y Oscar les quiero dar las gracias por poner un taller de "Huele a Pan" entre sus prioridades para una tarde de domingo de diciembre, para mí fue un placer recibirles en mi casa y experimentar con ustedes la magia de la transformación de los elementos que en un rato pasan de ser "agua, harina, levadura y sal" a una masa que bien aireada, bien trabajada que con la ayuda del fuego se convierte en un delicioso y único pan. Espero que comerlo junto a sus seres queridos haya sido tan placentero como para mí fue hacer un taller con ustedes.
Espero que sus cocinas huelan a pan en el futuro. Lo digo a menudo, cocinar para otras personas no es cosa de géneros, es un acto de amor. Ojalá mucha gente se sienta aún más amada por ustedes cuando coman el pan que salga de sus manos y ojalá también un día vuelvan a mi cocina (o me inviten a la suya) para volver a compartir juntos un rato panadero.
Gracias por el cariño y por las ganas que pusieron a la tarde y a la masa, les debía la crónica, aquí está para ustedes.
Siempre,
María Ofelia
P.D. Y mientras los chicos hacían pan, ¿qué hacíamos las chicas en el taller? Pues compartimos secretos: Galletas craqueladas de limón. Delicia de delicias. Muchas gracias Kiki, sos la mejor asistente de talleres del mundo.
miércoles, 23 de octubre de 2019
Bake bread for peace day!
Posted on octubre 23, 2019by María Ofelia ZP with No comments
El olor del pan en el horno, es mi imagen mental del paraíso...
Borges un día imaginó el paraíso en forma de biblioteca, en mi corazón puedo imaginarlo también como una,sólo que la mía tendría también un café para que se mezclen el olor a pan recién horneado, el del café recién molido y el de los libros....
Para mí hacer pan es un acto de amor. El por qué lo hacemos puede tener varias respuestas,en mi caso particular lo hago porque me hace feliz. Brezzy Willow dice que ella hace pan para promover la paz, porque está convencida que tal como es la suavidad de la masa, así va siendo la suavidad del alma...
Día internacional de hacer pan por la paz - El Salvador
Son muy útiles las aplicaciones tecnológicas, con más o menos conciencia se han vuelto una especie de asistentes que nos ayudan a vivir en el mundo que nos ha tocado en este presente de vertiginosos cambios, especialmente en lo que a tecnologías se refiere. Por mi parte me gustan en la medida justa de algunas necesidades, muy influenciada por la moda, hace algunos meses anduve puesta una 'app' que me recordaba tomar agua cada tanto, al principio -como todos los principios del mundo- bien, me encantaba y le hacía caso, pero al poquísimo tiempo ya no sólo me tenía un poco agobiada, es que ya no la soportaba, primero la mandé a silenciar y luego la quité sin más. Moraleja: soy una mujer de la 'old school', yo tomo agua porque hay que tomar, fin.
A pesar de ello no me considero una persona que está en contra de la modernidad, sólo creo que es necesario no perder de vista el significado que tiene todo aquello que sucede más allá de suplir una necesidad concreta, porque en el diario vivir podemos utilizar una app para casi todo, pero no para aquello que es la sal, los cimientos y el motor de la vida, como los encuentros honestos y todo aquello que requiere hacernos presente en cuerpo, alma, espíritu... ¡y ganas!. No, no podemos brindar cuidados y conservar un cariño dando un click, aún sigue siendo mejor hacer el amor en persona que vivir la vida inmersos en el "sexting", es lindo ver cómo queda de bonita la comida en un perfil de Instagram, pero siempre va a ser más rico poder oler, comer... sentir!
En fin, creo que sin necesidad de entrar en grandes discusiones nos toca reconocer que los avances tecnológicos propician confort en distintas áreas de la vida, pero lo que a menudo no pueden darnos es el significado que da el esfuerzo compartido.
Ayer nos reunimos para hacer pan, pan con nuestras propias manos, pan sin ninguna 'app' de por medio, pan como se hacía en esos tiempos cuando juntarse para trabajar una masa en la cocina de una casa no sabía que un día sería “una tradición de antaño” porque la modernidad nos daría la facilidad de comprar pan (industrializado pero a fin de cuentas, pan) y nos alejaría de manera casi absoluta no sólo de la posibilidad de oler y comer el pan recién horneado en casa, sino de todo lo que propiciaba ese momento en que al son de amasar, se hilvanaban historias, se transmitían memorias y se iba horneando, a la par de cada masa, la memoria culinaria de cada clan y su respectiva descendencia.
Ayer nos reunimos para hacer pan, pan con nuestras propias manos, pan sin ninguna 'app' de por medio, pan como se hacía en esos tiempos cuando juntarse para trabajar una masa en la cocina de una casa no sabía que un día sería “una tradición de antaño” porque la modernidad nos daría la facilidad de comprar pan (industrializado pero a fin de cuentas, pan) y nos alejaría de manera casi absoluta no sólo de la posibilidad de oler y comer el pan recién horneado en casa, sino de todo lo que propiciaba ese momento en que al son de amasar, se hilvanaban historias, se transmitían memorias y se iba horneando, a la par de cada masa, la memoria culinaria de cada clan y su respectiva descendencia.
Las tradiciones no nacieron sólo porque sí, y aunque vivimos tiempos donde cierta sensibilidad hacia el pasado intenta recobrarlas, pienso que no es cosa sólo de sacarlas del sarcófago y ponerlas a andar.
Para que una tradición pueda permear y convertirse en tal, una sociedad necesita tener una noción de causa y es la ausencia de la misma quizá, lo que ha hecho que la inmediatez haya sustituido con tanta facilidad la esencia de la conexión que generaba juntarnos para comer en una mesa, preparar juntos los alimentos, vivir las fiestas del pueblo como el acontecimiento del año, o tantas otras cosas que nos acercaban al otro en cuerpo y espíritu, al contrario de hoy cuando parte de la nueva forma de vivir es sentarnos a una mesa donde cada persona tiene sus ojos puestos en la pantalla de un celular en lugar de mirar los ojos de sus acompañantes, o irnos a la cama con nuestra pareja y en lugar de abrazarnos al final de la jornada, preferir seguir mirando esa pequeña pantalla hasta que nos vence el sueño.
El domingo 20 de octubre de 2019 nos juntamos para hacer pan y después de las horas de trabajo, risas y esfuerzo, el olor del pan en en horno y la explosión de sabor en nuestros paladares fue algo así como una recompensa por un trabajo bien hecho. Para mí fue un día donde mi corazón intuye que nació la invitación a una nueva tradición en mi pequeña tribu particular.
Doy gracias a la vida por el don del pan casero, por haber recibido el llamado a aprender a hacerlo y a compartir ese regalo con tanta gente querida, al grado que hacer pan en casa se haya abierto camino no solo en mi vida, sino también en la vida de mucha gente a mi alrededor.
Hacemos pan en casa como un acto de amor, no porque no vendan pan muy rico en las panaderías de la ciudad, hacemos pan en casa para compartir y disfrutar con otros, y en ese acto de amor, tal vez sin darnos ni siquiera cuenta, traemos al presente la memoria que evoca a algún ancestro que con los recursos de su época prendió el fuego, juntó a sus seres queridos, trabajaron las masas y hornearon junto al pan que alimentó a su familia, la historia que hoy en día es a la vez la nuestra.
Hacemos pan en casa como un acto de amor, no porque no vendan pan muy rico en las panaderías de la ciudad, hacemos pan en casa para compartir y disfrutar con otros, y en ese acto de amor, tal vez sin darnos ni siquiera cuenta, traemos al presente la memoria que evoca a algún ancestro que con los recursos de su época prendió el fuego, juntó a sus seres queridos, trabajaron las masas y hornearon junto al pan que alimentó a su familia, la historia que hoy en día es a la vez la nuestra.
"El fresco aroma del pan recién horneado es el aroma de la paz" Silvia Nedeicheva
Loida, Kiki, Sol, Hilario
Posted on octubre 23, 2019by María Ofelia ZP with No comments
¡Taller y re-taller!
En Julio nos reunimos para recordar y aprender. Kiki y Sol que ya habían venido a un taller anteriormente vinieron a recordar y Loida e Hilario vinieron por primera vez. Frank, el Colo, vino al final ¡a comer!
lunes, 31 de diciembre de 2018
Fin de año
Posted on diciembre 31, 2018by María Ofelia ZP with No comments
Acabo este año nuevamente, con el aroma del pan saliendo del horno y con la alegría de poder compartir con personas queridas este don de hacer pan en casa.
Gracias a Dios por la vida y que el nuevo año nos todo eso que nuestro corazón anhela.
Siempre,
Mari-O
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sábado, 9 de junio de 2018
Kiki y Silvia: ¡la primera vez!
Posted on junio 09, 2018by María Ofelia ZP with No comments
¡Yo quiero ir al taller de pan! ¿Cuándo habrá taller? ¡En el otro taller espero tener tiempo! ¡Este pan sí lo quiero aprender a hacer!
Y así, sucesivamente los deseos al aire una y otra vez hasta que por fin pudimos juntar: tiempo, ganas y un poco de harina con agua, levadura y sal para compartir juntas una experiencia alrededor del pan.
Con la música de Karen Souza y Joaquín Sabina (a mi pesar ;)) empezamos el taller #1 de la segunda temporada de talleres en "Huele a pan", qué alegría volver a poner las manos en la masa en compañía.
Huele a pan ha cumplido un año de existir y en todo este año he hecho kilos y kilos de pan, ha sido un recorrido delicioso, pero sin embargo reconozco aunque me gusta mucho hacer pan, nada disfruto tanto como hacer pan en compañía, ya sea que hagamos por el mero placer de hacerlo, o para enseñar, o para aprender... Así que después de unos meses de pausa, aquí estamos de nuevo haciendo pan en compañía.
Qué alegría Kiki y Silvia que finalmente pudimos juntarnos para hacer pan y pasar una tarde muy divertida, documentada y llena de tantas risas. El taller interminable podría decir ya que se unió con una noche igualmente fabulosa.
Ahora espero que nada las detenga y que se animen a hacer pan lo más pronto posible ustedes solas. Por mi parte me quedo con el recuerdo de una estupenda tarde llena de frases inolvidables:
Kiki: "Ya quiero el Colo vea que sí me salió el pan porque "dudó" de que me saliera e intentó consolarme antes de tiempo diciendo "el clima no está tan bueno para hacer pan, si no te crece no te vayás a sentir mal" :p
Silvia: "Mi familia que no vaya a intentar sólo partir y comerse este pan, con todo el trabajo que lleva. Nooo, cuando llegue les voy a decir "momento, el pan se observa, se huele, se miran sus detalles, y después se come"
¿Y alguna vez ha sucedido que alguien que vino al taller no pudo hacer el pan?
¡No! eso no ha pasado y no va a suceder nunca... ;)
Chicas, muchas gracias por todo!
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